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Convivencia y conflictos entre vecinos

Vivir en un edificio implica compartir espacio con personas que no elegimos. Son decenas, a veces cientos. Todos tienen su casa en la misma dirección, pero no se conocen y tal vez no se elegirían como vecinos. En esa mezcla de intimidad, desconfianza y distancia, es inevitable que aparezcan problemas. El consorcio es la forma que encontró la sociedad de organizar y unir esa convivencia, muchas veces conflictiva.

En ocasiones, las decisiones particulares de un vecino generan conflictos con los demás y si por vía del diálogo no se consiguen resultados que satisfagan a las partes, la convivencia se vuelve dificultosa  e incluso, en algunos casos, intolerable. Por supuesto que todos los habitantes prefieren tener independencia de los otros y vivir o trabajar cada uno en su casa sin tener que regirse por un reglamento de copropiedad que los limite, pero ante la realidad de que su propiedad forma parte de un edificio en común deberá entenderse que todos tendrán que aceptar determinadas reglas para  conseguir una sana convivencia.

Las relaciones cotidianas y sus problemas, han ganado espacio más que relevante en los consorcios de propiedad horizontal. La perspectiva de la psicología social y la mediación que se volcaron hacia la consideración del tema, deben se tenidos cuidadosamente en cuenta a la hora de resolver disputas. Margarita Habegger, que tiene la singularidad de ser psicóloga social y administradora, expuso un interesante punto de vista, sobre los problemas de comunicación y las estrategias para solucionarlos.

– Investigar sobre la dinámica psicosocial de los consorcios, para comprender las leyes que regulan la participación y para incrementar el protagonismo de los actores

– Conformar equipos interdisciplinarios que permitan aproximaciones más abarcativas de la compleja realidad consorcial.

– Aprovechar la tendencia de mejorar la formación de los administradores, acercando herramientas de la teoría psicosocial para facilitar la dinámica institucional

– Generar encuentros grupales, tanto como para encargados como para administradores en los que se pueda compartir con pares, la elaboración de preocupaciones y problemáticas que el trabajo implica.

– Aportar la disciplina al diseño de edificios y leyes para facilitar la convivencia.

 

Es sabido las expectativas que depositan los consorcistas a los administradores al momento de resolver problemas cotidianos de manera rápida, que muchas veces, no consisten en encarar un reparación o mejora, sino en intervenir ante conflictos de convivencia como ruidos molestos, malos olores, atención de personas mayores que presenten dificultades para movilizarse, canillas de grifo abiertas, escape de gas, reclamos de departamentos de planta baja convertidos en depósito de basura ocasionado por los pisos superiores, animales domésticos, y una extensa lista de quejas. Es primordial la gestión del administrador donde tiene la oportunidad de evitar puntos de conflictos e instrumentar técnicas que favorezcan las buenas relaciones.

El papel del administrador es sumamente importante para mantener una relación cordial entre los vecinos, muchas veces podrá actuar como mediador para solucionar los problemas que pudieran presentarse. Tiene también la posibilidad de hacer que los vecinos se relaciones más y mejor, actuando como nexo entre los integrantes del consorcio.

Pero quienes realmente tienen la responsabilidad de lograr una coexistencia satisfactoria entre todos los residentes, son cada uno de los copropietarios. Y son ellos mismos, también, los encargados de hacer que el edificio tenga un correcto mantenimiento;  que se cumpla con las normativas legales vigentes para los edificios de propiedad horizontal;  que los ascensores funcionen y tengan los controles correspondientes;  que la instalaciones eléctricas, de agua y de gas estén en condiciones;  que la limpieza y el orden se mantengan; que se realicen las obras necesarias para la conservación y aún la mejora del edificio; etc.

Es sabido que las tareas necesarias para que se cumplan los objetivos antes mencionados serán realizadas por el personal idóneo para cada caso (administrador, encargados, electricistas y demás personas especializadas), pero la decisión  tiene que ser tomada por los dueños.

Cada consorcista debe comprender que la puerta de entrada del edificio es su puerta, que la vereda es su vereda, que el frente es el frente de su casa.   Por lo tanto debe participar, involucrarse, opinar, proponer, asistir a las asambleas, cumplir con el reglamento de copropiedad y observar que los demás lo cumplan, pagar en término las expensas. Es siempre más sencillo que otros se encarguen de las decisiones.  Estamos ocupados, no tenemos tiempo, no tenemos ganas, no queremos comprometernos. De esta manera conseguimos que pocas personas, que sí participan, manejen el edificio a su voluntad. Cada propietario debe comprender  que es su responsabilidad pero también su derecho  llevar a la práctica la potestad que tiene sobre su vivienda, es decir ejercer la propiedad.

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